De la serie Bocanada. Interferencia urbana. Buenos Aires, Argentina, 1997 "(...) El alcalde expresó su deseo: que su amado pueblo se alimentara de sus reservas, es decir de su propia carne. Y en la calle tenían lugar las más deliciosas escenas: dos señoras no pudieron besarse, pues habían usado sus labios en la confección de unas frituritas. Y algunas, no todas, no hablaban ya, pues habían engullido su lengua que, dicho sea de paso, es un manjar de monarcas."
La carne, Virgilio Piñera |