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Arte y género: Ausencia y presencia de la mujer en el arte

8 de Marzo, Día internacional de la mujer. Una fecha, un nombre. Una historia que hay que volver a escribir. Pensarla nuevamente, como cualquier historia.

Susana Pérez Tort | Crítica de Arte
07-mar-2005

8 de Marzo, Día internacional de la mujer. Una fecha, un nombre. Una historia que hay que volver a escribir. Pensarla nuevamente, como cualquier historia.
Modernidad, ciudadano, individuo. Se estrenan nuevos valores de un mundo que abre sus puertas con el Renacimiento. Y se estrena también un nuevo concepto de sujeto. Pero ¿Cómo era? ¿Qué identidad le damos a ese "Sujeto" individual del mundo Moderno e Ilustrado (así con mayúsculas)? Pues era Hombre, Propietario y Blanco (así con mayúsculas). La mujer no era sujeto, mucho menos, artista.


El arte como profesión
Hasta que los románticos rompieron las cadenas que ataban el arte al público y al comitente, hasta que los románticos hicieron arte por el arte, éste tenía los visos de una profesión respetable en el seno de cualquier sociedad, en unas más celebrado que en otras. Había quien exaltaba al genio, otras al trabajador. Hasta que los románticos decidieron pintar lo que a ellos les dictaba el "estro" (la inspiración) o lo que se les venía en gana, el ser artista había guardado el perfil de una profesión respetable y necesaria para el juicio de la blanca e ilustrada civilización. Hasta que la fotografía viene a liberar al arte de su sumisión a la realidad, el artista fue un profesional. Hoy el artista, un "bohemio" que cae en brazos de las musas, tiene que remontar varios ríos y nadar contracorriente para merecer ese nombre: profesional. Y vaya paradoja, cuando el arte dejó de guardar el sesgo de un bien preciado por la sociedad, para pasar a los desvanes de la labor de un diletante marginal, en ese momento, con el modernismo, accede la mujer al arte.


La mujer, objeto del arte
Pasemos revista: las obras más "universales" y celebradas del arte de occidente (el único considerado "arte" por ese occidente que escribió la historia), son representaciones femeninas. El "Busto de la Reina Nefertiti" del Museo de Berlín; la "Venus de Milo" del Louvre; por supuesto "La Gioconda"; las dos Majas de Goya y hasta las Meninas de "Las Meninas", son mujeres. Podríamos decir también que la primer representación artística de la que se tenga cuenta debe haber sido la talla de una figura femenina, a juzgar por el legado de las "Venus" del Paleolítico Superior, allá en la Prehistoria y en el frío Franco Cantábrico. Sí una mujer fue el primer objeto del arte, y se la representará con senos enormes y el vientre abultado de la fertilidad, sin rostro y sin extremidades, sólo apta para dar a luz y traer miembros a la tribu ¿ Y cómo no adorarla si sangraba y paría al cabo de nueve lunas, que tal vez no se llamarían lunas? Y hubo diosas de uno y otro signo, plasmadas en la piedra, la arcilla o el papiro.

Se las pintó y esculpió una y otra vez, pero hasta que una joven italiana Sofisbona Anguisola se registró como pintora en la corte española de Felipe II, no queda registro de artista alguna produciendo arte y de este lado del caballete. Recordemos que el "sujeto" es blanco, propietario y por supuesto hombre ¿Cómo conceder a una mujer las dotes necesarias para la creación? Claro que en la corte de don Felipe no se esperaba que Sofibona creara, sólo era menester que copiara fielmente los rasgos del rey o de la reina. Y así lo hizo, sólo los rostros, porque le estuvo proscrito estudiar anatomía y por supuesto vedadísimo el estudio del desnudo que le permitiría plasmar una pintura mitológica o religiosa de grupo o de cuerpo entero. Pero es la primer mujer que registra la historia de un occidente blanco, como sujeto y no objeto de la obra de arte.

Más tarde Artemisa Gentileschi, gracias a las bondades de un padre "liberal", podrá asumir la maniera de Caravaggio, con el mismo talento que cualquiera de sus compañeros de taller. Artemisa sí pudo estudiar sin remilgos y demostró que el ser mujer no era un impedimento para ejercer el rol de artista profesional, tan necesario en un tiempo en el que las únicas imágenes creadas nacían de la obra de arte.

Una francesa, Adelaida Laville Ghiard, será pintora y maestra, y pondrá énfasis en mostrarse y pintarse junto a sus alumnas, para mostrar cómo era profesional del arte, pero también educadora. Seguramente el ser maestra - algo permitido para una dama formal - maquillaba el escándalo que merecería de haber sólo sentido el llamado de las musas.

Otra francesa, Elizabeth Vigée Lebrun, pintora de corte de Luis XVI, amiga personal de la reina María Antonieta, desafió los prejuicios de su tiempo. Fue artista en un tiempo en que una mujer sólo encontraba su destino con una buena boda. Casó bien, pero fue la fortuna del marido y la suya propia la que él se jugó sobre el tapete. Y la reina perdió su cabeza bajo el filo del invento de Monsieu Gillotin, y Elizabeth debió vivir fuera de Francia de la fama que construyó como retratista. Y viajó de corte en corte retratando a los nobles, cortesanos y monarcas. La Revolución, primera en asumir con cuentagotas que hubo mujeres en sus filas, y que el ciudadano podía tener también el rostro de una mujer, perdonó a su hija pródiga y Vigée Lebrun pudo regresar a su país natal. Fue madre también Elizabeth, y se pintó con su hija Julie en dos célebres retratos que penden de las paredes del Louvre y de los Oficios, mostrándose como madre, dentro del perfil que la historia de entonces guardaba como destino excluyente para una mujer. Y pintó maravillosamente Elizabeth y sus obras hoy penden de los mejores museos del mundo, aunque su nombre se haya excluido de la mayor parte de los volúmenes de historia. Porque la historia la escriben los que ganan. Y será esa también la hora de los salones de las "ilustradas" en la que la mujer presentaba en sociedad al poeta, el compositor, o el pintor que era sin excepción, de género masculino.

El genio, como el ciudadano - y esto vale aún hoy que la mujer lleva un siglo dentro de la historia oficial del arte - es propiedad del hombre, que además tiene que ser blanco.


La mujer, sujeto creador
Habrá que esperar a la Revolución Industrial, al ascenso de la burguesía y al propio ascenso de la mujer al trabajo rural y fabril así como al imaginario colectivo, para que aparezcan las primeras mujeres que hagan un arte "innecesario" (porque ya no era retrato, alegoría o historia) como era el Impresionismo. Berthe Morisot, Mary Cassat, y la escultora Camille Claudel asumieron sus roles de mujeres que crearon a la par de sus colegas. Claro que su nombre se asocia aún al de un maestro, y Morisot es cuñada de Manet, Cassat amante de Degas y Claudel hermana de Paul y la desgraciada enamorada de Rodin. Pero pintaron, modelaron y tallaron. Caso singular nuestra Lola Mora, mujer criticada y acusada por el naciente movimiento feminista nacional de usar sus vínculos con el poder (masculino) para conseguir los encargos para sus mármoles. Cualquier rosarino conoce el olvido y deterioro de sus mármoles para un primer Monumento a la Bandera, cancelado cuando su nombre fue arrastrado con el de Roca o Avellaneda y sus mármoles arrancados del flamante Palacio del Congreso Nacional. Hemos debido esperar casi un siglo para ver las tallas de Mora lucir en el Monumento que lleva la firma de Guido y de Bustillo. Y me pregunto ¿Quién tira la primera piedra? ¿Qué escultor - llámese Miguel Angel, Bernin o Rodin - no hizo uso del poder para recibir encargos monumentales?


El desnudo
Pero hagamos un paréntesis antes de permitir a la mujer entrar por la puerta grande del arte del siglo XX y lo que va del XXI. Hablemos un poco del desnudo. Es un género pictórico, con la legitimidad con que lo es el paisaje, la naturaleza muerta o el bodegón. Si unas frutas y un mantel pueden ser el tema de una pintura, una mujer desnuda también, aunque difícilmente se pusiera en ese lugar al hombre porque su belleza no era ideal. ¿Pero porqué no se multiplicó el físico de Adonis como sí el de la Diosa Venus? En un tiempo en el que la mujer iba vestida de pies a cabeza y era impudor mostrar hasta un tobillo, la pintura se permitió exhibir a señoritas en carnes luciendo sobre un diván o paraditas en el medio de un salón. Claro hay que bautizarlas Venus para no irritar a la censura, y hasta el singular Francisco Goya debió urdir un sistema de cremalleras para que Godoy pudiera exhibir su Maja desnuda debajo de la vestida. Pensemos un poco: si hacemos omisión de la aurática tela, del pincel, del atril y del oficio de pintor, estas señoritas luciendo sus redondeces (exquisitas algunas de ellas como la Venus del Espejo de Velázquez de la National Gallery de Londres o "La siesta" de nuestro Prilidiano Pueyrredón) ¿No podrían ser la página central de la marginal Playboy? Si les quitamos el aura que le provee su identidad de "obra de arte" queda en ellas sólo una mujer calata, como diría un peruano. Pero el aura del arte es el aura del arte y las jóvenes son admiradas, y con razón, en los más canónicos museos.

Y llega otro provocador, el francés Courbet que osó pintar el desnudo masculino y para un mismo conspicuo cliente pintó "La siesta", en la que dos bellas jovencitas dan la idea de hacer algo más que dormir en una cama. "El Origen del mundo" pintura que hoy luce orgullosa el parisino Museo de Orsay fue escondida de la vista del público hasta 1951. Courbet debe haber dicho ¿Quieren ver a una mujer desnuda? Pues llevemos esto a su máxima expresión, y allí está la joven que sólo muestra las partes pudendas como si dentro del confín del marco se viese una vista que bien podría llamarse: visita al médico especialista de la zonas erógenas de la diosa Venus. Pero la llamó "origen del mundo" y entonces es una alegoría, no una pintura de visos pornográficos como bien la podríamos adjetivar hoy, si le quitamos el aura que le concede el arte, la historia, el pincel y lugar en el Orsay.

Y Courbet llegó quizá al máximo grado de la desnudez - sin maquillaje - en la pintura tradicional e histórica, como hoy la fotógrafa Rineke Dijkstra lo hace con su lente o Vanessa Beecroft cuando instala conjuntos de mujeres semidesnudas vivas, como obra de arte.

Pero fueron Degas y Toulouse Lautrec los que encontraron el entorno natural para un desnudo, mostrando a sus mujeres en la intimidad del baño. Genio el de Eduardo Sívori cuando en su "El Despertar de la Criada" (verdadera joya del MNBA), muestra a la criada que se viste en la soledad y la humedad de un cuarto, mientras es espiada por el ojo de la cerradura. No es un desnudo más el de nuestro maestro, desnuda a la criada, pero desnuda cómo hasta bien entrado el siglo XX, los "señoritos" se iniciaban en su sexualidad con la criada que veían tras los cerrojos. Desafiante un Rodin que "desnudó" al público, como su par Gustav Klimt, a la mujer como parte de un encuentro sexual, sin que los protagonistas fueran necesariamente Marte y Venus.


Sujeto y par
El ingreso al modernismo no le fue fácil a una mujer sobre la que gravitaban aún más de un prejuicio. Entre la vanguardia rusa se inscribe el nombre de una mujer: Natalia Goncharova. Y los nombres de Tamara Lempicka, Sonia Delaunay o Barbara Hepworth, son parte del despertar del movimiento moderno, como Luoise Nevelson, Goergia O'Keeffe, Niki de Saint Phalle o Bridget Riley lo son más tarde. Recordemos que en los albores del modernismo argentino, Norah Borges, hermana de Jorge Luis Borges, dejó su carrera de artista profesional por consagrarse a su familia y matrimonio, cosa que nunca le perdonó el poeta.

También acceden al arte mujeres que son pareja de algún artista: Yente y Del Prete; Raquel Forner y Alfredo Bigatti (autor de las esculturas del Monumento a la Bandera junto con el maestro Fioravanti); Sonia y Roberto Delaunay; Frida Khalo, más celebrada que sus ignoradas contemporáneas Remedios Varo o Leonora Carrington, y Diego Rivera; Lee Krasner y Jackson Pollock.

Y entrados a la posmodernidad y a lo que Arthur Danto llama "el arte después del fin del arte", la mujer se equipara como en todos las otras profesiones, a la actividad del hombre. Imposible, como limitativo y tedioso sería hacer una nómina de las artista contemporáneas. Baste tener en cuenta que en los cuatro nuevos murales que se sumaron a los históricos de las Galerías Pacífico, está la firma de Josefina Robirosa, así como el premio que la rosarina Graciela Sacco obtuvo en el 2003, como la artista del año otorgado por la Asociación de Artistas Plásticos, o el lugar que ocupa Nicola Constantino en el Olimpo de los plásticos contemporáneos, bastan para darnos cuenta que has recorrido un largo camino, muchacha, pero has sabido llegar.

...Y sin embargo, Genios con mayúsculas (como Kandinsky, Klee, Matisse, Picasso, Ducahmp, Dalí, Miró, Pollock o Warhol)... son sólo hombres en la historia oficial de la historia de las artes, y ayer nomás, cuando se celebró y festejó la inauguración de las "Puertas" en el Central Park neoyorquino, casi todos los medios registraron las naranjas "Gates" como una esperada obra (proyectada en 1994) del artista Crhisto Javacheff... cuando los autores de éste como de otras intervenciones textiles que los hicieron célebres, son de la pareja formada por Christo y Jeanne Claude, tal como ellos firman todo lo que hacen... ¿Será quizá que seguimos contando la misma historia?

El tiempo que protagonizamos, en el que el sujeto posmoderno ha sido deconstruido, seamos las mujeres las que debamos erigir en el imaginario colectivo, el lugar donde queremos que nos recuerde otra historia. RosariARTE Contenidos. Fin de la nota.




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